25N: Amor moderno
Nos conocimos en un botellón, él me pidió mi InstaGram y empezamos a hablar. A los
pocos días pasamos a hablar por Whatsapp, él era tan agradable conmigo que
decidimos volver a vernos en persona. Ese día nos dimos nuestro primer beso,
sería el comienzo de algo que nunca olvidaré.
Los primeros meses fueron preciosos solíamos
quedar todos los fines de semana, cada vez me sobraba más el mundo, solo lo
necesitaba a él para ser feliz. Gracias a que estaba a mi lado me pude dar
cuenta de que mis amigos no me querían y me pude deshacer de ellas.
Era tan bueno conmigo, que no sabía qué hacer
para agradecerle tanto. Me acompañaba para ir de compras y me aconsejaba qué
tenía que comprarme, me decía lo que más me favorecía y me ayudaba a elegir.
Nuestra primera vez fue en su coche, yo creo
que aún no estaba preparada pero sentía que tenía que hacerlo feliz y esa era
la mejor forma.
Los domingos solía quedar con mi mejor amigo,
hasta que él comenzó a advertirme de que mi amigo solo quería aprovecharse de mí
y que una chica con novio como yo no podía andar con otros tíos sola, llevaba
razón.
Un fin de semana sus padres se fueron de
viaje, él me propuso quedarme en su casa, pero yo ya tenía planes; esa noche
había una fiesta que llevaba esperando durante meses. No sabía cómo decirle que
no iría a su casa, me sentía atemorizada sin saber por qué. Al final no fui a
la fiesta, no podía ser así de desagradecida con él después de todo lo que
había hecho por mí.
A mi novio no le gustaba mucho que saliese por
la noche y bebiese, a esas horas y con alcohol todo era mucho más peligroso,
solo quería lo mejor para mí.
No solía arreglarme demasiado, porque él decía
que eso lo hacía para llamar la atención, y no quería que pensase mal de mí, lo
quería demasiado como para perderlo.
Quedamos un día como cualquier otro,
discutimos y el me escupió, realmente me lo merecía no me había comportado como
una buena novia, él llevaba la razón.
Las agresiones tanto físicas como psicológicas
se siguieron sucediendo, me empecé a sentir en un callejón sin salida.
Me había pasado meses sin escuchar a nadie,
sin escuchar que no era yo la que hablaba, que no era yo la que actuaba, que
había dejado de vivir mi vida y él había escrito la mía
Supe poner punto y final, supe ver el
maltrato, supe volver a vivir.
Esta no es mi historia, pero si es la de
muchas adolescentes a las que les cortan las alas en silencio.

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